Sergio Jerez

Sus señorías ausentes

4/12/08 Comentar comentar

De un tiempo a esta parte nos estamos acostumbrando a una bochornosa imagen que ya se repite con demasiada frecuencia. Me refiero a esa desoladora instantánea que la prensa publica, periódicamente, reflejando el vacío que suele reinar en el hemiciclo por las reiteradas ausencias de sus señorías.
Con la que está cayendo ahí fuera y con la que aún está por caer, los novillos de los padres de la patria provocan un gran sonrojo entre los españolitos de a pie que aún conservan un mínimo sentido de la vergüenza ajena. Y es que en la televisiva España del Gran Hermano y de las Operaciones Triunfo a costa de lo que sea, cada vez más, puebla la geografía un tipo de político profesional de lo suyo que está encantado de haberse conocido y de formar parte de una casta perezosa e indolente.
En una nación castigada por el desempleo, más que ninguna otra en occidente, provoca una verdadera crispación ver los escaños vacíos de unos políticos que desconocen términos como responsabilidad y sentido del deber. A buen seguro que gran parte de culpa de este estado de cosas la tenemos los propios ciudadanos, consintiendo estas arrogantes demostraciones y conformándonos con un sistema que solo pide cuentas a los políticos cuando llegan las elecciones cada cuatro años. Para colmo de males, esta dejadez de los señores de la cosa pública también se hace extensible a gran parte de los mecanismos del Estado. Hagan ustedes la prueba llamando a cualquier organismo estatal y pida que le resuelvan un problema. Verán como la fórmula del ‘Vuelva usted mañana’
funciona de igual modo que lo hacía en los tiempos de Larra. Ayer mismo, el que suscribe este artículo hizo unas cuantas llamadas a varios departamentos estatales para informarse de la situación de once pescadores cartageneros retenidos en Malta y todos coincidían en una cosa: manejaban la misma información que la que ya estaba en poder del llamante. Con la desazón que provoca ver en manos de quién estamos y la frustración que uno tiene al ver dónde invierte el Gobierno de España los dineros públicos, dan ganas de hacer la maleta definitivamente. Claro que toda regla tiene sus excepciones y lo dicho para la gran mayoría de diputados nacionales no puede aplicarse tajantemente a los diputados murcianos en el parlamento. Me alegré mucho de ver aquella imagen en la que sí se apreciaba la presencia de la representación murciana que, al menos, consigue causar cierto alivio en medio de tanto haragán y tanta ausencia injustificable.

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