Los 5 magníficos
PACO ESCÁMEZ
Así se conocía a la delantera del Real Zaragoza C. F. a mediados de la década de los 60. Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra, eran el terror de las defensas tanto en competiciones españolas como europeas. En los 4 años que jugaron juntos, el equipo maño obtuvo sus mejores resultados deportivos. “Los 5 Magníficos” hicieron historia, siendo comparables a otras delanteras fantásticas de la época, como la integrada por Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza del Atlétic Club de Bilbao, o a la del F.C. Barcelona que formaban Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón.
Águilas, decana del fútbol regional y donde actualmente El Rubial es reconocido como el terreno de juego más antiguo de España, también disfrutó de jugadores magníficos y sobresalientes. No voy hablar ahora de ellos, aunque sí espero hacerlo en otra ocasión. Pero quiero, no obstante, recordar los inicios de los 70 y mi breve etapa futbolística. Concretamente al equipo técnico, directivos y plantilla de los juveniles del Águilas C.F., a la que tuve la suerte y el privilegio de pertenecer durante 3 temporadas.
Aquel Águilas Juvenil, que no consiguió quedarse campeón, obtuvo sin embargo un logro que fue digno de reconocimiento en 1973. Fue el único equipo juvenil de la Región- no sé si también de España- que completó el campeonato sin que sus jugadores recibieran ni una sola tarjeta amarilla o roja de sanción.
Fue noticia que quedó reflejada en la prensa y que por supuesto tenía su secreto. Y la quiero rememorar para homenajear al grupo de 5 magníficos aguileños que estaban detrás y delante de aquel manojo de adolescentes. Los protagonistas son: Lorenzo Hernández Abolio, presidente, Juan Martínez “Casuco”-gran portero en su época de jugador-, entrenador, y los directivos Juan Bautista Gualda y Valentín Soto. En el mismo barco estaba también José María Jareño -entonces entrenador del primer equipo del Águilas C.F.-, que brilló con luz propia en su etapa de jugador, llegando a ser concejal de deportes con el PSOE y la primera persona que me dio la oportunidad de enfundar la camiseta blanquiazul. También merecen la categoría de “magníficos”, Ramón Ferrer, mi primer presidente y nuestro delegado de equipo, Francisco Martínez Lirón “Bacares”.
Tengo que confesar que siento melancolía de aquel Rubial de tierra y piedras, (el césped era un lujo fuera de nuestro alcance) que nos daba los buenos días a eso de las 7 de la mañana. Casuco, parco en palabras, nos ponía en forma dando vueltas al vetusto campo. De vez en cuando, tronaba su voz desde los asientos de cemento:”el último, el primero”. Su llamada hacía que nos convirtiéramos en flechas. Después, tocaba fortalecer los músculos con toda clase de ejercicios físicos y subiendo o saltando los escalones de cemento que formaban en escala los duros asientos. Existía la costumbre, una vez a la semana, de celebrar un partidillo o “pachanga”, muchas veces con la plantilla del primer equipo de los inolvidables Alfonso Cegarra, José Pérez Almagro “Chispita”, Perique, José Antonio Gallego (fue jefe de estudios en I.E.S. R.Carlos III, alcalde de Lorca y senador socialista) , los hermanos y formidables porteros Pepe y “Tolin” Buitrago, Juan Piñero “Zamorita”, Mellado “Morcillo”, Domingo Sánchez-Fortún “Sanchis”, Pablo, Hernández, Julio Rabal, Manolo Quereda, Rafael López “Canalla”, Gómez, los hermanos Pepe y Gaspar Peña, Nicolás Albarracín “Nico”o José Luis Giménez “Cales”, entre otros.
Y en pretemporada adquiríamos potencia muscular subiendo y bajando por los cabezos del ahora casi desaparecido monte del Cambrón, muy cerca de la casa del “mister” y de la singular isla del Fraile.
Un partidillo en la arena, en la playa del Hornillo, terminaba de ponernos como motos. A la forma física y a la disciplina de grupo, se unía la charla didáctica y el conocimiento del reglamento que, diariamente, tenía un hueco y que nos impartía sabiamente el inolvidable “Juanito” Gualda, árbitro y Delegado de la Federación Murciana de Fútbol. Gracias a esa labor, callada y desinteresada, pasamos a la historia del deporte rey como el equipo más disciplinado. Un llavero de plata, que conservo como oro en paño, fue la recompensa para los juveniles de aquellos maravillosos años.
Asumo el riesgo de dejarme algún nombre en el olvido, pero ahí va la lista que incluye mis tres temporadas en el equipo: Paco Hernández Pallarés, Juan José Barrionuevo y Blas fueron los guardametas. El resto de la plantilla estaba integrada por Gonzalo Asensio “Chapa”, Juanito Lloret, Leandro Miras, Rafael Morosoli, Diego Carrasco, Juan Palazón, Isidro Ibarra, Fulgencio Sáez, Andrés Barnés “Chironi”, Juan Antonio López Marín, Andrés Escarbajal “Guitarra”, Antonio Munuera, Matías Peña, Juan Ayala,Vicente Soler, Manolo Navarro, Juan Carlos Gandul, Fernando Lobato, Pepe Rubio “el Gato”, Salvador Muñoz, Jaime Pérez, Diego “ Pean”, los hermanos Antoñín y Valentín Soto Cano, Lorenzo Romera “ Lorquino”, Juan Manuel Martos, Alfonso García “Gento”(actual presidente del Almería) José Luís Lillo, Bartolomé Hernández y Paco Palencia(ambos llegaron a presidir al Águilas C.F.), Andrés Moreno Rael, Juan Martínez “Casuco” (jugó en Primera División en el Zaragoza y en otros equipos como el Granada y el Elche en la División de Plata, entre otros) y el actual presidente de la Federación Murciana de Fútbol, José Miguel Monje Carrillo.
Precisamente, Casuco y Carrillo formaban parte de la cantera del Águilas cuando fueron fichados por el Real Madrid Juvenil. Por ese motivo, un combinado de juveniles, reforzado con jugadores del primer equipo, nos enfrentamos en el verano de 1974 a los juveniles del equipo merengue. En aquel grupo de jugadores destacaban Magdaleno, Macipe- que posteriormente ficharía por el equipo blanquiazul-, Escribano y Martín Roales. En un competido encuentro, ganaron los de la capital de España. Por supuesto que eso fue lo de menos, lo que ahora nos queda a todos en la memoria es que se cumplió un sueño.
Tampoco puedo olvidar los viajes en “camioneta” por la tortuosa carretera de Mazarrón. Casi todos los partidos los jugábamos en Cartagena contra equipos como La Esperanza, La Colonia o el propio Efesé en el desaparecido Almarjal o muy cerca de la ciudad departamental. Y la mayoría de ellos en horario de mañana, por lo que apenas llegábamos una hora antes del partido. Eso sí, todo el equipo mareado y sin apenas tiempo de calentar antes de saltar al terreno de juego. Indudablemente, los derbys con el Lorca C.F. eran punto y aparte, tanto en el Rubial como en el estadio lorquino San José Pero lo que jamás olvidaré serán las paradas obligatorias- casi siempre en Fuente Álamo- para comer.
Con un presupuesto muy escaso, los bocadillos estaban contados, aunque siempre nos las ingeniábamos para “chorizar” alguno, a pesar de las precauciones de Valentín Soto y de Lorenzo “Abolio”, auténticos padres para nosotros, al igual que Casuco y Juanito Gualda, pero que no podían hacer el famoso milagro de los panes y los peces. También nos acompañaba, muchísimas veces, Guasch, mítico portero del Águilas C. F.
Quiero expresar, finalmente, mi agradecimiento a todos ellos, a mis compañeros y al grupo de técnicos y directivos que nos formaron como deportistas y como personas. Y dedicar este puñado de recuerdos a la memoria de los que, desgraciadamente, ya no se encuentran entre nosotros, pero que defendieron con orgullo y dignidad la camiseta del equipo decano del fútbol regional.











ESTE SI ES UN TIO ESCRIBIENDO BIEN, CON CORRECCION Y DICIENDO COSAS DE INTERÉS. A VER SI APRENDEN LOS SERGIO Y CÍA…¡
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